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lunes, 28 de octubre de 2013

LAS RABONAS Y SU PARTICIPACIÓN EN LA GUERRA DEL GUANO Y DEL SALITRE

Entre los héroes anónimos de la guerra de 1879-1883 hay un personaje que por su comportamiento y acciones merece todo nuestro respeto, gratitud y digno homenaje; nos estamos refiriendo a las famosas Rabonas. El origen de este fenómeno social está registrada desde la guerra por la Independencia, pasando por las luchas caudillescas, hasta la Guerra del Guano y del Salitre; eran indígenas en su mayoría junto con sus familias tuvieron gloriosa participación en la independencia de nuestra patria donde la mujer le seguía a todas partes a su marido, peleo con él, se sacrificó por él e incluso lo reemplazó en el frente de batalla.

Las “rabonas” no solo eran las esposas o compañeras de los soldados, especialmente de los de ascendencia indígena; también podían ser sus madres o, incluso, sus hermanas; ellas fueron las leales compañeras fuera y dentro del cuartel, se caracterizaban también porque hacían trabajos de cocina, lavado de ropa y de hospedaje; en campañas seguían a las columnas de soldados transportando algún apoyo logístico y proporcionando apoyo moral y espiritual. La guerra del Guano y del Salitre, nos sorprendió en la desunión, en la debacle económica, social y política, por eso se tuvo que improvisar para hacer frente a las fuerzas superiores, bien apertrechados con lo que se tuvo a la mano, sin recursos ni armamento.




Con la autoridad intelectual y patriótica que caracteriza al doctor Jorge Basadre, él se refirió, con justicia, a esta típica representante de la femineidad peruana; la Rabona exaltó las virtudes de abnegación, valentía y sacrificio que la animó permanentemente. Asimismo refiere “Así como dl coloniaje nos acordamos demasiado de las calesas y nos olvidamos de los obrajes, así también en la República, el recuerdo es para las tapadas con el olvido de las Rabonas”. La Rabona consoló, enjugó lágrimas, calmó la sed y cuidó de las heridas del soldado; interpuso su mano entre el indefenso abatido y la bayoneta del enemigo que lo repasaba; imploró, lloró y oró amargamente ante el cadáver del ser que era todo su mundo; lo ayudó a morir bien, le cerró los ojos, lo enterró, tomó sus armas y continuó con bravura la defensa de su patria.
Por todo ello, hoy y siempre, nosotros los peruanos debemos expresar nuestro infinito agradecimiento y reconocimiento a todas estas mujeres que supieron dejar bien en alto el coraje, la tenacidad, el estoicismo la voluntad y el amor a la patria. 



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